La Colegiata de Teverga es Monumento Histórico Artístico de carácter Nacional desde una fecha tan temprana como es la de 1921. Unidos a la Colegiata están la casa abacial y el claustro, terminados de construir en 1670, según la inscripción de una columna.
Destacan en este conjunto arquitectónico cinco estancias cuyos elementos diferenciadores hacen de éste un monumento muy especial: el vestíbulo, las armas de la Casa Miranda, la iglesia, los capiteles y el presbiterio.
Iglesia
Exterior
Conserva una sencilla puerta original de vano adintelado bajo arco de descarga abrazado por una chambrana taqueada.
Cabe ser destacada también la interesante colección de canecillos figurados desplegados a lo largo de las cornisas laterales del templo, conservándose un interesante y variado muestrario de animales (perros o lobos, osos, ciervos, cabras, etc.) que suele vincularse con el bestiario de San Isidoro de León.
La torre, de 20 m, está apoyada sobre 4 arcos que fueron construidos en el siglo XVIII.
Interior
El templo presenta planta basilical dividida en tres naves cubiertas con bóvedas de cañón, cabecera rectangular dividida en tres capillas mediante dos arcos y porche o nártex a los pies, donde se sitúa la torre campanario erigida en el siglo XVIII.
El espacio eclesial queda dividido en dos partes claramente diferenciadas aunque contemporáneas:
una especie de pórtico o nártex con función de panteón a los pies,
el cuerpo de la iglesia propiamente dicho.
Nártex
Cuenta el pórtico o nártex con tres naves separadas entre sí por arcos de medio punto sobre potentes columnas; cubriéndose el espacio de las naves laterales mediante bóvedas de cañón corrido, mientras que la central, ligeramente más ancha, con una solución posterior que reemplazaría a la original, presumiblemente, de idéntica factura que las laterales.
Los capiteles presentan una apariencia de gran primitivismo, plasmándose esquemáticas hojas lanceoladas que evocan a Leyre en convivencia con motivos antropomorfos y animales que conformarían un mensaje iconográfico de confrontación entre el bien y el mal.
Así, en los capiteles se aprecia un orante entre palmas flanqueado por peces y un cordero, enfrentándose a ellos en sus cestas opuestas dos seres de aspecto monstruoso, uno de los cuales, de rictus felino, pisotea una cruz. Recurrente también en este ambiente es la existencia de caballos, animal de connotaciones funerarias, así como la aparición de motivos decorativos sogueados tan reiterativos en el prerrománico astur.
Cuerpo principal de la iglesia
El acceso al cuerpo principal del templo se acomete hoy desde el propio espacio funerario de los pies, aunque en origen con total seguridad serían espacios separados y contaría con su entrada independiente.
Consta de tres naves -la central más alta y ancha- separadas por dos arcos de medio punto sustentados por pilares cuadrangulares a los pies, columnas cilíndricas en el centro, y pilares cruciformes hacia la cabecera; quedando cubierta la central mediante bóveda de cañón corrido y las laterales con idéntica solución aunque reforzada por fajones.
En cuanto a la escultura se refiere, de nuevo encontramos capiteles decorados con la característica técnica del bajorrelieve biselado similar a la existente en el cuerpo funerario, todos ellos de marcado arcaísmo y de compleja lectura iconográfica que, según los especialistas, vendría otra vez a poner en relieve el conflicto entre el bien y el mal a través de representaciones de fuerte carga simbólica inspirada quizás en ancestrales rituales mistéricos de origen pagano que, aún entonces, gozarían de cierto acervo popular en los montañosos parajes teverganos, aunque siempre sincretizados por la teología cristiana.
Las cestas más interesantes son las que rematan las columnas centrales de separación entre naves, apareciendo en el del lado del evangelio entre representaciones zoomorfas varios personajes que parecen flotar por el espacio en actitudes orantes y ataviados con largas túnicas.
En su capitel equivalente al costado de la epístola se identifican varios personajes a pie y a caballo que, por sus vestiduras, podrían identificarse con campesinos de la época y nobles guerreros armados, destacando una curiosísima figura híbrida con cuerpo de hombre y cabeza de oso.
El claustro actual se edificó sobre un claustro anterior de finales del XV. También se utilizó como lugar de enterramiento.
En uno de sus extremos, la sacristía alberga un pequeño museo con tallas de santos, modesto lapidario con interesantes piezas como capiteles y fustes románicos y dos cuerpos casi incorruptos conocidos como “las momias de Teverga”.
Se trata de dos cuerpos, que se mantienen en dos ataúdes con tapa de vidrio, uno sobre el otro. El de la parte inferior es el de un padre, el Marqués de Valdecarzana (1626-1688) vestido con el atuendo usado en vida y que posee un estado inusual de conservación y el superior es el de su hijo don Pedro Analso de Miranda, abad de la colegiata desde 1690 al 1720, muerto en 1731, luciendo su antiguo atavío de abad
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